Kanye West canceló su concierto programado para el 11 de junio en Marsella, anunciando el aplazamiento horas después de que el ministro del Interior francés, Laurent Nunez, supuestamente intentara bloquear la entrada del rapero al país.
El artista de 48 años, quien se presenta bajo el nombre Ye, presentó la decisión como una elección propia en un comunicado publicado en X.
Sé que lleva tiempo entender la sinceridad de mi compromiso por enmendarme. Asumo toda la responsabilidad por lo que es mío, pero no quiero poner a mis fans en medio de esto.
Kanye West — X
La cancelación se enmarca en un patrón de rechazo en Europa hacia West por sus declaraciones antisemitas y la promoción de imágenes de inspiración nazi. Gran Bretaña le negó la entrada a principios de este mes para el Wireless Festival en Londres, y Australia lo vetó en julio pasado tras lanzar una canción titulada "Heil Hitler".
El alcalde de Marsella, Benoit Payan, ya había declarado a West como persona no grata en marzo, afirmando que se negaba a permitir que la ciudad se convirtiera en un escaparate para quienes promueven el odio y el nazismo. La oposición del alcalde llegó tras la venta de mercancía con esvásticas por parte de West y sus declaraciones públicas en las que alababa a Adolf Hitler.
Los medios franceses enmarcan esto como una decisión administrativa clara, destacando la autoridad de los funcionarios para proteger el orden público. Presentan la cancelación como la consecuencia natural del comportamiento antisemita documentado de West, reflejando el sólido marco legal francés contra el discurso de odio y la negación del Holocausto.
La cobertura australiana enfatiza el patrón de rechazos en múltiples países, posicionando a Australia como parte de una respuesta occidental coordinada contra el discurso de odio. Destacan su propia prohibición previa como un precedente, enmarcando el tema desde la perspectiva de la responsabilidad compartida de las naciones democráticas para combatir el antisemitismo.
Los medios holandeses se centran en el debate político interno sobre los shows planeados en Países Bajos, presentándolo como un caso de prueba para equilibrar la libertad de expresión con las preocupaciones por el discurso de odio. Resaltan las demandas de los partidos políticos por vetos, al tiempo que señalan la respuesta medida del gobierno, reflejando el enfoque pragmático holandés hacia figuras controvertidas.
Me niego a permitir que Marsella se convierta en un escaparate para quienes promueven el odio y un nazismo sin disculpas
Benoit Payan, alcalde de Marsella — X
Los planes de la gira europea de West siguen en el aire. Sus presentaciones programadas en el Gelredome de Arnhem, Países Bajos, a principios de junio, aún están previstas, aunque partidos políticos holandeses como ChristenUnie, CDA, BBB, PVV y JA21 han pedido vetar su entrada.
El rapero ha intentado rehabilitar su imagen tras las polémicas antisemitas. En enero, compró un anuncio de página completa en el Wall Street Journal para disculparse por su comportamiento, atribuyendo sus declaraciones a una lesión cerebral no diagnosticada y un trastorno bipolar no tratado.
A pesar de las restricciones en Europa, West ha seguido presentándose en Norteamérica, con shows recientes en Estados Unidos y Ciudad de México. El aplazamiento en Marsella representa otro revés para un artista cuya carrera ha estado cada vez más limitada por las consecuencias de sus polémicas declaraciones.
El caso resalta la tensión entre la libertad artística y las regulaciones contra el discurso de odio en distintas jurisdicciones, mientras los gobiernos equilibran las preocupaciones por la seguridad pública con los derechos de libre movimiento y de expresión.