El Papa León XIV cargó una cruz de madera a través de las 14 estaciones de la procesión del Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo de Roma, convirtiéndose en el primer pontífice en más de tres décadas en llevar la cruz durante toda la ceremonia.
El papa de 70 años, de origen estadounidense-peruano, revivió una tradición que se observó por última vez bajo Juan Pablo II, quien llevó la cruz desde 1980 hasta 1994. Los pontífices posteriores abandonaron la práctica debido a las exigencias físicas y su avanzada edad.
Más de 30.000 fieles se congregaron durante la procesión de una hora, que comenzó dentro del Coliseo y terminó en el Foro Romano. La ceremonia, iluminada por antorchas y marcada por un silencio contemplativo, solo se vio interrumpida por las meditaciones en cada estación.
Las meditaciones, escritas por el franciscano Francesco Patton —quien ejerció como Custodio de Tierra Santa entre 2016 y 2025—, incluyeron mensajes contundentes dirigidos a quienes ejercen el poder político y económico. Los textos advirtieron que toda autoridad debe responder ante Dios por el uso que hace del poder.
Donde hay un sufrimiento o necesidad, allí están las mujeres: en los hospitales y en las residencias de ancianos, en las comunidades terapéuticas y de acogida, en los hogares para menores más frágiles, en los lugares más remotos de la misión para abrir escuelas y centros de salud, y en las zonas de guerra y conflicto para socorrer a los heridos y consolar a los supervivientes
Meditación del Viernes Santo — Infobae
Las meditaciones invitaron a los creyentes a reconocer el rostro de Cristo en quienes ven su dignidad violada, incluyendo a prisioneros, migrantes, víctimas de violencia, mujeres explotadas y niños afectados por conflictos. Las referencias a tragedias contemporáneas, como los naufragios de migrantes y la trata de personas, se entrelazaron a lo largo de las estaciones.
En la primera estación, que representa la condena a muerte de Jesús, el Papa León enfatizó que los gobernantes deben rendir cuentas ante Dios por el uso que hacen del poder y resistir la constante tentación de abusar de la autoridad o buscar la gloria personal.
Funcionarios del Vaticano señalaron que la buena condición física del Papa León —sigue siendo un ávido nadador y jugador de tenis a los 70 años— le permitió cargar la cruz durante toda la prolongada procesión. La decisión marcó un regreso deliberado a la tradición papal tras años de ceremonias modificadas.
La ceremonia cobró especial resonancia por ser la primera Semana Santa tras la muerte del Papa Francisco el 21 de abril de 2025, justo después del Domingo de Pascua. Francisco había establecido la tradición de visitar prisiones el Jueves Santo y mantuvo vínculos especiales con los reclusos durante su papado.
Durante cada estación, se recitó el Padre Nuestro en latín, acompañado de lecturas que enfatizaban que la fe debe traducirse en acciones concretas. La ruta de la procesión, desde el Coliseo —símbolo del martirio cristiano primitivo— hasta el Foro Romano, subrayó temas de sacrificio y testimonio.